Descripción
Hay ríos que se disfrutan y ríos que se conquistan. El Chorro, la sección alta y más exigente del río Naranjo, pertenece a la segunda categoría. Durante la temporada seca, cuando el caudal baja y las rocas quedan al descubierto, este tramo se transforma en un laberinto de caídas abruptas, toboganes de agua y pasajes tan estrechos que la balsa parece rozar las paredes del cañón.
La jornada empieza temprano con un traslado de unos treinta minutos hasta Esquipulas, un pequeño pueblo de montaña sobre Quepos. Allí tus guías, expertos en ríos técnicos, dedican el tiempo necesario a una charla de seguridad completa: comandos de remo, posiciones dentro de la balsa y qué hacer en cada situación. Aquí la comunicación y el trabajo en equipo lo son todo.
Ya en el agua, el río no da tregua. Rápidos clase IV y V se suceden entre enormes rocas, con descensos verticales que exigen precisión y fuerza en cada palada. Entre los pasajes más intensos, el cañón regala momentos de calma para admirar sus muros de piedra cubiertos de helechos, las cascadas que brotan de la selva y la luz que se cuela entre los árboles.
Esta experiencia está pensada para personas en buena condición física que buscan una verdadera prueba de adrenalina; no es necesario haber hecho rafting antes, pero sí estar dispuesto a remar fuerte. Al final, fruta fresca y un almuerzo típico celebran la hazaña antes del regreso a Manuel Antonio, con la satisfacción de haber dominado uno de los ríos más desafiantes del país.
